
Primera derrota relevante de ChatGPT en Europa
Era una cuestión de tiempo que los tribunales tuvieran que decidir sobre los conflictos legales que las nuevas plataformas de inteligencia artificial generativa han puesto sobre la mesa, y naturalmente uno de los más importantes es el relacionado con la Propiedad Intelectual.
En ese sentido, esta semana hemos sabido que un tribunal alemán ha estimado la demanda de una entidad de gestión de derechos (GEMA, lo que podríamos llamar la SGAE alemana) contra OpenAI por el uso de letras de canciones protegidas en el entrenamiento y funcionamiento de ChatGPT.
¿Sobre qué iba el pleito?
El litigio se centró en nueve de los éxitos alemanes más conocidos de las últimas décadas, que, según la demanda, ChatGPT habría utilizado para perfeccionar su funcionamiento. El tribunal de Múnich ha condenado a OpenAI a indemnizar a GEMA por los daños y perjuicios causados, incluidas las costas e intereses. Entiende que el hecho de que el bot “memorice” y pueda reproducir fragmentos enteros constituye un acto de reproducción relevante a efectos de la normativa de copyright, sin que valga ninguna excepción, ya que el resultado es la posibilidad real de devolver textos completos reconocibles a petición, lo que refuerza la idea de que los desarrolladores de IA deben licenciar los contenidos protegidos que utilizan para entrenar o explotar sus modelos.
¿Qué dice OpenAI?
Por su parte, OpenAI ha mostrado su disconformidad y estudia recurrir, poniendo el acento en que el caso se refiere a un conjunto acotado de letras y no afecta al uso general del servicio. Sostiene que sus modelos no “guardan” ni reproducen datos de entrenamiento específicos, sino que aprenden patrones para luego generar salidas nuevas a partir de ellos. También aseguró que, de existir reproducción de letras, la responsabilidad recaería en la intervención del usuario que formula la petición. El tribunal descartó ese planteamiento.
Según la resolución, los responsables son los demandados y no los usuarios, porque los modelos operados por OpenAI condicionan de forma decisiva las respuestas: el contenido concreto de lo que se devuelve lo generan los propios modelos.
Sea cual sea el desenlace en apelación, la decisión de Múnich se percibe como un punto de inflexión: obliga a la industria de la IA a revisar sus políticas de entrenamiento, los controles para evitar salidas literales de obras protegidas y los esquemas de licencias con titulares de derechos.
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11 noviembre de 2025 | Noticias